Capítulo 2: Paradigma Internacional de Derechos Humanos

julio 15, 2022

En la escuela habitan las transformaciones socioculturales y se construye ciudadanía. Partiendo de los marcos legales internacionales y locales, podemos reivindicar la ESI como un dispositivo de resistencia frente a las violencias de las prácticas conservadoras.

 

 

 

 


Módulo 1. El punto de partida: La ESI que queremos

 

Capítulo 2: Paradigma internacional de Derechos Humanos

 

 

Por Nikolás Goméz

A mitad del siglo XX se produce un cambio en el paradigma social internacional que se traduce en el sistema jurídico. Se establece la dignidad de la persona humana y se garantizan derechos universales, como garantías de reconocimiento y protección de todas las personas. La Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH) en 1948 permitió establecer progresivamente derechos sociales, económicos y políticos.

El reconocimiento de este paradigma fue producto de la lucha y el reclamo de los pueblos del mundo hace más de tres décadas, y dentro de este marco, la influencia de los movimientos sociales de mujeres, la militancia urbana y los movimientos pacifistas y socialistas comienzan a tener mayor visibilidad e incidencia política (Grupo Fusa, 2020).

El campo de la sexualidad, entendido como el goce de los derechos sexuales y (no) reproductivos, no tiene injerencia hasta la década del 90.

Primero debieron suceder algunos acontecimientos sociales y políticos para que los Estados pudieran tomar cartas en el asunto, entre ellos podemos mencionar:

  • La llegada de la pastilla anticonceptiva en los ‘70
  • El debate en torno a las políticas de procreación responsable
  • La emergencia del VIH-SIDA 
  • La problematización del embarazo en la adolescencia en los ‘90.

La mayoría de estos acontecimientos estuvieron ligados a los discursos de los movimientos feministas en auge, en cuanto al rol desigual de las mujeres cis en la sociedad.
¿Se te ocurren otros acontecimientos que puedan estar relacionados? ¿Qué repercusiones tuvieron en tu país?

En conjunto con los organismos internacionales, se implementaron una serie de convenciones, pactos y acuerdos que han contribuido a instalar el discurso del reconocimiento de derechos en clave de géneros, identidades y sexualidades. Entre éstos se puede mencionar la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo de Naciones Unidas (CIPD) que tuvo lugar en El Cairo en 1994, la cual consagró el concepto de Salud Sexual y Reproductiva (Baez, 2016). 

Tradicionalmente, las temáticas referidas a la sexualidad no eran consideradas propias de los aprendizajes de la infancia, sino de períodos más avanzados de la vida, como la pubertad o la adolescencia. Esto era así porque el concepto de sexualidad estaba fuertemente unido al de genitalidad.
Desde esta mirada, la educación sexual en la escuela se daba preferentemente en la secundaria —en particular, durante las horas de Biología— en las que se priorizaban algunos temas, como los cambios corporales en la pubertad y la anatomía y fisiología de la reproducción humana”. 

(Lineamientos Curriculares para la Educación Sexual Integral en Argentina, 2008)

Sin embargo, el ingreso a la agenda pública de la Educación Sexual es resultado del inter-juego de diversas luchas (Baez, 2016),  en donde gracias a los movimientos sociales se logró instalar a la sexualidad como estatus del bien común, disputando sentidos instalados por la Iglesia Católica y sectores conservadores que representan los intereses de las élites políticas, los cuales argumentan hasta la actualidad que la ESI/EIS va en contra de la función de la familia como educadora, que promueve la promiscuidad y altera “el orden natural” o “biológico”.

¿Qué significa disputar sentidos?

Pensar e identificar las creencias, ideas y palabras que clara o sutilmente son o tienden a ser discriminatorias, porque nos tratan de forma desigual respecto de otras personas, y/o son patologizantes, cuando asumen que nuestra forma de ser, sentir y estar en el mundo es una enfermedad.

El conjunto de conocimientos sobre sexualidad que producen, enseñan, y replican la medicina, la ley y la iglesia que consideran sana a la heterosexualidad controlada y enmarcada en el binario de género: femenino y masculino.Todo lo que se desviara de la norma heterosexual fue considerado primero pecado, luego delito y más tarde enfermedad (Grupo Fusa, 2020).


Contexto social y legislativo regional 

Durante el 2021 los grupos de jóvenes del proyecto #EsConESI participamos de la realización de un informe diagnóstico sobre la situación de la ESI/EIS en algunos países de América Latina: Guatemala, Perú, Bolivia, Paraguay y Argentina. El mismo relevó la existencia de legislación vinculada a la ESI/EIS, las percepciones y experiencias de adolescentes y jóvenes sobre su implementación, las percepciones de organismos especializados en la temática y los principales debates mediáticos.

 

A través de estos insumos, pudimos contemplar que actualmente la gran mayoría de países que conforman la región incorpora el campo de la sexualidad a sus políticas públicas, ya que recepcionan los acuerdos internacionales. Aunque paradójicamente no todos cuentan con una ley específica que aborda la Educación Sexual Integral en el sistema educativo, y en los casos en los que sí, aún se advierten grandes obstáculos para su efectiva implementación y abordaje integral con perspectiva de derechos humanos. 

 

La  ESI/EIS constituye, tal como hemos planteado, un escenario  institucional que alberga diversas luchas culturales y contemporáneas a lo largo y ancho de la región. Su institucionalización y legitimidad pública, atiende a debates sobre los contenidos y enfoques que se deben aplicar, y por sobre todo a permanentes tensiones y disputas. Estas incluyen voces desde el disenso y la oposición al ejercicio de ciertos derechos alcanzados por les jóvenes, sobre todo de los movimientos feministas y la población LGBTTTIQNB+, relevadas a través de prácticas y expresiones de odio, rechazo y discriminación (Lavigne y Péchin, 2021).

Dentro de este marco, encontramos que las campañas de los sectores conservadores y hegemónicos que detentan el poder político, grupos religiosos antiderechos, y los medios masivos de comunicación mediante fake news o noticias falsas, siguen reflejando la desinformación, los prejuicios, el estigma y la invisibilización de la ESI/EIS. La mayoría de estos grupos cuestionan fuertemente la enseñanza de la Educación Sexual Integral argumentando que ha de ser la familia quien ocupe el papel central en cuanto a la formación de les jóvenes, y que la escuela debe ocupar un lugar subsidiario; por lo tanto, sería la familia quien tiene el poder de decisión sobre los valores, las convicciones y la forma de vida a adoptar de les jóvenes.

A su vez, sostienen una Educación Sexual desde la abstinencia, limitada a la pareja heterosexual monógama y dónde el sexo tiene fines reproductivos. No existe un libre ejercicio de la sexualidad y toman la diversidad sexual como un desvío, una patología.
Su enfoque concibe la libre sexualidad como una práctica social amenazante, ante la que hay de desplegar acciones de prevención y control, y considera la abstinencia como EL método anticonceptivo más eficaz (Cravero y Rabbia, 2020).

En suma, la ESI/EIS involucra el problema de las finalidades de la educación en general y los sentidos de la enseñanza, y se introduce en la frontera misma entre lo público y lo privado: 

“Exigiendo respuestas a la pregunta sobre los principios que pueden garantizar una educación democrática que contemple la libertad de los individuos de decidir sobre su vida sexual, situada en la esfera más íntima de las personas, y el interés público por las consecuencias sociales, políticas y culturales de la sexualidad (Wainerman y Chemi, 2014).”

Los desafíos que se nos presentan en pos de la efectiva implementación de la ESI/ES, nos interpelan a nosotres les jóvenes, a querer cambiar el presente y seguir conquistando derechos a través de la militancia y los activismos.
Porque sabemos que nuestro punto de partida es a través del agenciamiento político, en espacios de construcción colectiva y horizontal, dando voz y voto a las diversas identidades, sexualidades, cuerpos, saberes y contextos. 

 

 



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