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Capítulo 7: Salud sexual y (no) reproductiva

agosto 29, 2022

Las circunstancias en que las personas nacen, crecen, trabajan y envejecen; así cómo estas son afectadas por la desigual distribución de recursos, hacen que nuestro objetivo tenga que ver con ser actores que disputen poder.

 

 

 


Módulo 3: La brújula. Cuerpos en comunidad

Por Ezequiel Barboza y Agustín Quintá Orobio

Salud no es ausencia de enfermedad, porque como activistas sociales no simplificamos realidades complejas con conceptos binarios. Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), la salud integral significa un completo bienestar físico, mental y social. Si bien podemos tensionar varios aspectos de esta definición, rescatemos lo positivo: que una persona acceda a salud integral implica que pueda estar bien desde lo orgánico, desde lo psico-emocional-afectivo, pero además que existan políticas apuntadas a la protección social en el lugar donde vive.

Es decir: demandar salud integral es, también, exigir que las condiciones de vida de las personas sean mejores (Dirección de Adolescencias y Juventudes del Ministerio de Salud, 2021).

Las circunstancias en que las personas nacen, crecen, trabajan y envejecen; así cómo estas son afectadas por la desigual distribución de recursos, hacen que nuestro objetivo tenga que ver con ser actores que disputen poder. La salud, entonces, está indudablemente atravesada por cuestiones políticas.

¿A qué hacemos referencia cuando hablamos de salud sexual y (no) reproductiva?

En este sentido, comprendiendo que la salud es un derecho humano, empezamos a ampliar el concepto y pensar en: salud sexual y (no) reproductiva. Ésta, alude a un estado general de bienestar físico, mental y social en todos los aspectos relacionados con la vida sexual y reproductiva de las personas. Entraña la capacidad de disfrutar de una sexualidad satisfactoria, sin riesgos, y de procrear, y la libertad para decidir hacerlo o no, cuándo y con qué frecuencia.

“La salud sexual contempla aspectos que van más allá de las infecciones de transmisión sexual (ITS), la reproducción y la anticoncepción, porque incluye también la posibilidad de tener experiencias sexuales consentidas, seguras y libres. El acceso a la información acerca de métodos de cuidado, deseo, placer y prevención de la violencia y la discriminación también forman parte de la salud sexual, en la medida que nos permite tomar decisiones de manera autónoma. En resumen, tampoco puede haber salud sin salud sexual”. (Asociación Ciclo Positivo, 2021) 

La salud sexual de les jóvenes se pone en juego cuando se niega el acceso a derechos, como explicábamos anteriormente, y sobre todo, cuando no se enseña Educación Sexual Integral desde una perspectiva interseccional, de género y diversidad, ya que así se reproduce la desinformación y los actos que inducen a la marginación de ciertos temas, haciéndolos tabú y por ende, generando discriminación de forma involuntaria. Por eso decimos, que al dar una ESI binaria estamos violentando a muchas colectividades que conforman a la sociedad.

 

Por otro lado, queremos hacer hincapié en el goce y el disfrute de nuestra salud sexual! No todo es cuidado y prevención, sino que también debemos permitirnos disfrutar y descubrir qué cosas nos gustan, qué tipo de relaciones sexuales y/o afectivas queremos sostener, con quiénes y elegir lo que queremos experimentar. Los intereses, deseos, incluso las formas de pensar y vivir el placer cambian en cada etapa y son distintos para cada persona, y eso está bien.

 

Es por eso que, cuando hablamos de placer, tenemos que saber que no siempre hablamos del placer sexual, y si así fuera, no existe una única forma para manifestarlo. Lo que puede ser muy excitante para alguien, puede no serlo para otrx y viceversa. Por eso, es importante conocer nuestros cuerpos y sentimientos, reconocer qué nos gusta y qué no y saber cómo cuidarnos para poder disfrutar de nuestra sexualidad de forma libre, segura y sin violencia (INJUVE, 2019).

Algunas preguntas disparadoras que nos pueden acompañar en este viaje de autoconocimiento personal y colectivo:

  • ¿Nos sentimos merecedores de afecto y placer? ¿Qué es el amor propio para nosotres? ¿Cómo habita la ternura una persona estigmatizada? ¿Como se configura el cariño y el contacto para una persona permanentemente asistida? 
  • ¿Cómo forjamos relaciones sexuales y/o afectivas? ¿De qué forma nos comunicamos con otres? ¿Entablamos acuerdos? ¿Qué es la responsabilidad afectiva para nosotres?
  • ¿Qué lugar ocupa el placer en el imaginario social? ¿Y qué narrativas nos contamos a nosotres mismes sobre nuestros deseos y fantasías? ¿Y sobre el afecto? 
  • ¿Nos permitimos el roce corporal y el tacto con otres? ¿Cuáles son los códigos de consentimiento para el tacto? ¿Cómo se establecen los límites y posibilidades de participación en un encuentro sexual?

 

 

Como decía nuestro querido compañero Roberto Jauregui:

“Dar la cara no es fácil en un país que censura, discrimina y aparta“  

 

 


 

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